Aunque
la humanidad reduzca las emisiones de gases de efecto invernadero, como se
prevé en el Acuerdo de París, el planeta podría caer en un clima incontrolable.
De ser así, la temperatura media de la Tierra podría estabilizarse entre 4 o 5
grados centígrados más caliente con respecto a la era preindustrial y un
planeta en esas condiciones no podría albergar a más de mil millones de
personas.
Así lo plantea un estudio publicado este lunes en la revista
Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS). Hans Joachim
Schellnhuber, director del Potsdam Institute for Climate Impact Research y
coautor del estudio, señaló que "estos acontecimientos en cascada podrían
llevar al sistema Tierra en su conjunto a un nuevo modo de
funcionamiento".
Las
emisiones de gases de efecto invernadero ya provocaron un alza de 1ºC de la
temperatura media de la Tierra, aumentando las probabilidades y la intensidad
de canículas, sequías y tormentas.
Los científicos señalaron puntos de
inflexión del "sistema Tierra", que actualmente son neutros o beneficiosos,
pero que podrían volverse nefastos, provocando más emisiones de CO2 y de metano
hacia la atmósfera que todas las actividades humanas combinadas. Estos puntos
de inflexión están vinculados a unas temperaturas más allá de las cuales la
liberación de estos gases sería inevitable.
"Cuando se alcanza un umbral crítico, el proceso de reacciones se
automantiene", señala el estudio, que expresa preocupación porque la
Tierra pueda acercarse a un umbral que la condene a convertirse en un
invernadero: para fines de siglo, o incluso antes, los ríos se desbordarían,
las tormentas causarían estragos en las comunidades costeras y el deshielo
polar llevaría a niveles del mar mucho más altos, inundando las tierras
costeras que albergan a cientos de millones de personas.
"Pozos de carbono"
debilitados
Los bosques
y los océanos absorbieron en las últimas décadas más de la mitad de las
emisiones de carbono. Pero los bosques se achican y los océanos dan muestras de
saturación de CO2, según estudios recientes. Su papel de esponja podría
debilitarse.
Permafrost
El metano y
el CO2 atrapados en el permafrost, la parte del suelo permanentemente congelado
en Rusia y Canadá, equivale a unos 15 años de emisiones humanas. En caso de que
se descongele, los gases liberados acelerarían el calentamiento, liberando aún
más gases.
De forma
similar, los hidratos de metano, compuestos en apariencia de hielo y presentes
en los fondos marinos, también son vulnerables al cambio climático, pero los
científicos no saben a qué ritmo. Se sospecha que se encuentran en el origen de
episodios rápidos de cambio climático ocurridos hace varios millones de años.
Reducción de las selvas
Un calentamiento de tres grados centígrados
podría condenar a la larga al declive del 40% de las selvas amazónicas, según
un reciente estudio. Y los incendios, que no se tienen en cuenta en este
modelo, podrían acelerar esta destrucción susceptible de liberar a la atmósfera
miles de millones de toneladas de CO2.
Menos banquisa
El espejo blanco helado del hielo marino
reenvía el 80% de los rayos de sol. Pero con el derretimiento de éste, el
océano que lo remplaza absorbe el 80% de las radiaciones, acelerando el
calentamiento. En el Ártico, el primer verano sin esta banquisa está previsto
antes de mediados de siglo. La situación podría repetirse cada cuatro años en
un mundo a dos grados más de temperatura respecto a la era preindustrial.
Casquetes glaciares
Los científicos concuerdan en que existe una
temperatura de equilibrio más allá de la cual los casquetes glaciares que
recubren la Antártida y Groenlandia se fundirán. Otra cuestión a saber es el
tiempo que le llevará a estos casquetes fundirse, liberando volúmenes enormes
de agua dulce en los océanos. Las consecuencias serían devastadoras: dos
tercios de las grandes ciudades están instaladas a menos de 10 metros por
encima del nivel del mar, al igual que las planicies agrícolas que las
alimentan.
El
derretimiento del hielo de la Antártida occidental y de Groenlandia conduciría
a un aumento del nivel del mar de 13 metros. El casquete de la Antártida
oriental, más sensible al calentamiento climático de lo que se creía,
representa potencialmente 12 metros más.
Efecto
dominó
Según los
autores del estudio, todos los mecanismos están interconectados, y uno podría
desencadenar otro, y así sucesivamente.



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